lunes, 1 de diciembre de 2014

“Mesonero” fue la base; Graciliano Pérez-Tabernero

En aquella tarde de tertulia, hace ahora justo un año, algo quedó pendiente en El Portón de la Huebra. Aquel “Mesonero” de leyenda sigue viviendo en “Matilla”, pues solo muere quien cae en el olvido.

Abandonamos “Pedro Llen” acompañándonos Juan Sánchez-Fabrés en nuestro viaje por el corazón de Salamanca. La mañana sigue siendo bella, y húmeda. No pasará Fabrés por alto momento alguno de reencontrarse con su gran amigo Graciliano Pérez-Tabernero Lequerica, tercera generación.

La vieja chapa con el hierro mítico de la casa ganadera nos impone y emociona, pues ya no graba a fuego pieles de bravura desde hace décadas. Territorio “graciliano” cuyos pastos parecen atribuir cierto temperamento al ganado manso que ahora ocupa estas tierras. No se resigna la bravura a ser desterrada de “Matilla”, tal paisaje nos deja maravillados.




Amabilísimo una vez más nos recibe Graciliano Pérez-Tabernero en su casa de principios de siglo XX, y por su parte –“encantado de recibir a gente con verdadera afición”, si hubiera quien sigue pensando en la mecánica taurina de laboratorio, dimos con el lugar idóneo en el cual, “el dos más dos, no siempre será cuatro”. La confianza que atribuye la amistad le permite a Juan Fabrés asombrarse y bromear ante el cánido cuyo volumen no parece nada tener que ver al de los grandes mastines que guardan la casa. Graciliano le responde: -“No te confíes, este también es Santa Coloma”. Ríen.



Agradecemos del mismo modo la simpatía con la que Paloma, mujer de Graciliano, nos recibe en su casa. El trato dispensado por ambos fue magnífico.

El salón de la casa solariega se encuentra presidido. La cabeza inerte del mítico “Mesonero” se convierte en testigo mudo del transcurso del tiempo, y pecaríamos de falta de honestidad si dijéramos que no hizo falta presentación. Jamás hubiésemos imaginado tal fenotipo en el toro que cimentó una vacada de leyenda, y que para nada tuvo que ver con los rasgos físicos del mencionado animal. Hocico largo y afilado, sienes abiertas, pitones rectilíneos cuyas puntas señalaban al cielo, para nada acorde con el Santa Coloma ibarreño en el cual se enclava el fenotipo de animal bravo de esta casa ganadera. ¡No salimos de nuestro asombro!



-“Mi abuelo Graciliano no quedó para nada convencido de la mezcla entre Miura y Vázquez que heredó de su padre, y es cuando se decide por la rama más ibarreña del Conde de Santa Coloma. Con las vacas vienen dos sementales, “Mesonero” herrado con el hierro del Conde de Santa Coloma y de fenotipo Saltillo como podéis observar, y “Cristalino” herrado con el hierro de su hermano, el Marqués de Albaserrada, el cual era muy poco aficionado al mundo del toro, apenas se preocupaba de la ganadería y era su hermano el que intercambiaba reses a su antojo de un hierro a otro. Este “Cristalino” si tenía aspecto de Ibarra”.



-“Sin embargo, fue “Mesonero” quien construyó los cimientos de nuestra ganadería. Estuvo cubriendo aproximadamente durante 16 años y fue padre de más de 1.150 crías. La explicación radica en que la descendencia de este toro heredó de él caracteres únicamente ligados a la condición y el comportamiento, lo que comúnmente llamamos genotipo. La hechura y fenotipo de la prole de “Mesonero” fue heredada de las vacas, por eso en nuestra casa siempre se dieron toros enclavados en Ibarra, que es a lo que el aficionado está acostumbrado. De hecho, junto a Coquilla, somos la rama ibarreña por excelencia de este encaste”.



Comenta Fabrés: -“Chafik, ganadero mexicano recientemente fallecido, el cual se dejaba caer por mi casa, necesitaba rendirle culto a “Mesonero” en cada una de las visitas a España. Parecía agradecerle al toro el tremendo legado que dejó a la cabaña brava”.

Las paredes de la casa rezuman historia. “Nevadito”, ganador de la corrida concurso de San Sebastián en 1929, o importantísimo también, “Filibustero”, hijo de “Mesonero”, que hizo resurgir la ganadería de Manuel Arranz prestándoselo Graciliano como semental cuando tan solo era un eral (completó dos años de cubriciones). Posteriormente se lidió de cuatreño también en San Sebastián en el año 1931 y fue ovacionado en el arrastre.






-“Me estoy fijando, y aparecen muy pocos toreros delante de tus toros en las fotos de los cuadros, solo picadores y banderilleros”. Entona Juan Fabrés con ironía y complicidad hacia su amigo Graciliano, sabedor de la batalla que presenta este tipo de toro en todos los tercios, quizá nada amigable y comparable a la extrema nobleza que se le quiere atribuir al burel en la selección ganadera del panorama actual.



Toros, por tanto, de extrema fijeza y empuje en el caballo, de embestida larga sin demasiada humillación en la muleta, plenas características de aquel toro de Eduardo Ibarra, cuya fiera mirada supo encender el Conde de Santa Coloma, y que el abuelo de nuestro protagonista perpetuó en el campo de Salamanca. Nunca comulgará Graciliano con aquello de disfrutar delante de un toro, algo que está muy de moda actualmente en entrevistas y declaraciones. -“Ante un toro sientes muchas cosas, entre otras, miedo. En el momento en el que empiezas a disfrutar, algo falla”.

-“La clara diferencia entre el “Bull-fight” y el “Bull-dance”, interviene enseguida Fabrés. –“Se tiende a confundir la tauromaquia con el ballet en estos tiempos de ahora, y eso no es así.”



En acuerdo total, sin la transmisión del toro a los tendidos, toda suerte se queda exenta de mérito, al menos, mérito que en concordancia se le debiera atribuir a un profesional que vive de ello, como es el torero.

Cuelga también de la pared la cabeza de “Gitano”, un “graciliano” en toda regla típico, tal y como todos los aficionados tienen conceptuada a esta rama del encaste. En este caso, luce sus pitones despuntados, pues se lidió en corrida de rejones. –“Aun así, muestra un afeitado menor que muchos de los que se lidian hoy día en corridas de a pie”. Reímos por no llorar, la veracidad de esa afirmación es grandísima, además es demostrable el hecho de que algunos toreros exijan adulterar las defensas del animal a la hora de ponerse delante. En esta tesitura se encuentra el mundo del toro, por desgracia. Ojalá la afición no despierte de su letargo demasiado tarde, para cuando el remedio sea ya inexistente. El público que paga, es el que debería exigir y dejar de consentir lo indefendible por parte de algunos eslabones del sistema taurino embotado actual.



Con profundas reflexiones nos despedimos de Graciliano, de Paloma, su mujer, y de Juan Sánchez-Fabrés, abandonando “Matilla” ante refulgentes rayos de sol que atravesaban por entonces la tupida cortina de nubarrones. Quizá no pasemos por el mejor momento en cuanto a valores taurinos se refiere; no obstante, nos complace y llena de orgullo haber contribuido a la reminiscencia de una casta que esperemos no se olvide, de la cual actuales reductos siguen perpetuando una bravura en la que “Mesonero” fue la base; Graciliano Pérez-Tabernero.




                                                                                                            Jorge Rodríguez Rodríguez