jueves, 20 de noviembre de 2014

Hnos. Bragado; sondeando el horizonte

Haciendo honor al enclave originario del encaste Vega-Villar, aquella alquimia entre Veragua y Vistahermosa sigue, de alguna manera, estando presente en la provincia de Zamora.

Ganaderos oriundos de Fuentespreadas, villa cercana al bello marco de pasto y encina en el cual se crían sus reses, finca “La Dehesita”.



Dámaso, y su hijo Óscar nos reciben cordialmente para dar testimonio en una mañana de llovizna cuyo cielo encapotado por nubarrones transmite juicio y reflexión en el campo bravo.

Abre hilo el ganadero: -“Las tierras que me he corrido yo con ganado…” “Te vuelcas en la crianza del toro para después apenas poder lidiar ni en novilladas. Darle salida a los toros en festejos populares está bien, pero tú te haces ganadero por otra cosa…”

Nos comenta Óscar Bragado que con suerte pudieron vender la camada entera de novillos utreros y erales la temporada recientemente finalizada. Como bien afirmó su padre, es un encaste muy demandado en los festejos taurinos populares de la zona.





Dámaso, a punto de jubilarse, cede el testigo al joven ganadero, quien se plantea la compra y venta de novillos en función de la demanda del mercado. –“Las pocas vacas que quedan se han dejado porque comenzaron a parir, pero teníamos en mente también haberles dado salida” “Los precios del pienso están por las nubes, de modo que lo más viable es adquirir el número exacto de novillos que después prevemos vender”.


Ganado procedente de la ganadería Valrubio, de la cual, Hnos. Bragado se ha estado aprovisionando de machos destinados a la venta, vacas madre, y sementales adquiridos para padrear en “La Dehesita”. Por supuesto, el hierro de los Hermanos Bragado ha marcado a fuego durante años los productos de estas compras aprobados en las tientas, y su consecuente descendencia. Reses con fenotipo enclavado en la hechura de aquel toro de Justo Nieto, fino de cabos, de aspecto acarnerado, y de pelo negro; también berrendo en toda su amplia gama de variaciones cromáticas. “Patasblancas”, en esencia.





Apenas un par de decenas de fuertes y lustrosos añojos marcados con el hierro de la casa mantienen la reserva actual de la ganadería. En una mañana nublada, aunque de agradable temperatura se muestran atentos y miden sus fuerzas en numerosas ocasiones. Aun así, nuestra presencia no los perturba demasiado, y nos aguantan a escasos metros en compañía de sus cuidadores.

El cuajo que el ganado de esta casa adquiere, incluso a cortas edades, es evidente. Síntoma inequívoco de los buenos cuidados y extraordinaria alimentación a la que se ve sometido por parte de los ganaderos.





-“Llegamos a tener más de veinte cabestros, y también nos vimos obligados a reducir el número de cabezas”, nos relata Dámaso Bragado. Mansos cuya labor es imprescindible en las tareas de campo y en muchos festejos en los cuales fueron también protagonistas. El lustre de la parada es impecable.



Reflexivo y nostálgico nos habla el ganadero: -“Siempre con ganas e ilusión de ver un toro en la muleta, o en el caballo, que al fin y al cabo es el fin lícito de hacerse ganadero de lidia, el mercado ahora mismo nos limita al festejo taurino popular. Por supuesto defendemos este tipo de espectáculos, y estamos agradecidos por la demanda que tenemos en numerosos pueblos; pero se me parte el alma cuando uno de nuestros mejores novillos se malogra contra un tractor o en el asfalto, sin haber tenido oportunidad de saber lo que en realidad llevaba dentro”.

El concepto equívoco de bravura que muchas veces se tiene en este tipo de festejos sigue estando presente en el panorama actual. –“Un toro nunca puede ser el más bravo por ponerse a embestir a media altura en el vallado, o porque sea el que más corre de todos. Aunque quizá, en ese momento, sea en realidad lo que la gente busca para divertirse. Sin embargo, la selección en las ganaderías de lidia se construye en base a otra serie de criterios”.


-“No obstante, siempre será un orgullo para nosotros destinar ganado a las fiestas de Benavente, o Fuentesaúco… y otros muchos pueblos asiduos a nuestros toros”. En complicidad ante nuestros comentarios, el ganadero nos confiesa: -“Me gustaría convencer a Óscar para meter una nueva punta de vacas de la misma procedencia, también Vega-Villar, al menos para mantener nuestro propio reducto. No sé si lo conseguiré”. Ríe





Haciendo cábalas de futuro, la unión de los taurinos se hace imprescindible. –“La defensa de los festejos mayores, y los festejos populares deben ser concordantes, sin distinción alguna”. Es nuestra cultura, el arraigo que a través de generaciones ha ido perpetuando una identidad única convertida en patrimonio. Por tanto, la ganadería de Hermanos Bragado contribuye como la que más al enaltecimiento de la lidia del toro bravo, apelando a la historia repleta de prácticas y costumbres convertidas hoy en tradición.




El otoño, que tanta bellota ha hecho caer del árbol de la encina, ha puesto alfombra a ese techo de nubarrones; cielo de esperanza mientras ganaderos humildes dediquen su vida a la cría del bastión de la Fiesta, incierto horizonte donde seguro saldrá el sol.


                                                                                  Jorge Rodríguez Rodríguez

1 comentario:

  1. Buenos dias, preciosas fotos, y un sentido escrito. Me a despertado usted curiosidad por dicha ganaderia la cual desconocia.
    Un saludo.
    Kaparra

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