lunes, 27 de octubre de 2014

Pedro Llen saciado de lluvia; aún mana savia en Sánchez-Fabrés

La brava ganadería de Salamanca a la que Farina cantaba en sus fandangos, o Concha Piquer en su Romance de Valentía, se palpa y se siente mirando al frente cuando te adentras sin noción de tiempo en la gran extensión de dehesa charra.

Lluvias de Otoño que traerán ingentes corros de hongos, delicatessen para el paladar. A Las Veguillas escapamos, Pedro Llen nunca dejó de ser para nosotros un lugar de culto a la bravura.


Tras el comité de bienvenida, siempre son mastines o alanos, nos recibe amabilísimo una vez más Juan Sánchez-Fabrés.



–“Bienvenidos a la fábrica”, frase con retórica, entre otras cosas, fábrica de ilusión y romanticismo pese a que decidió no volver a dar, de momento, corridas ni novilladas picadas ante la pésima situación del mercado.



Cuarenta y dos vacas, dos sementales y siete fuertes añojos mantienen reducto. El octavo, de pelo cárdeno, girón, y “Escudero” de nombre, se mantiene a la espera de próximas cubriciones dado su buen juego en la tienta. Tendrá el honor de sustituir a uno de los dos “Soberanos” que padreaban hasta el momento. Este asaltillado “Soberano”, de la familia de los “Soberbios” morirá de viejo en Pedro Llen.

-“Los añojos me los han pedido para una novillada sin caballos el año que viene en Guadarrama. Cuando sean erales no les ganaré dinero, pero al menos tampoco les perderé” nos asegura el ganadero.





Conversamos un buen rato ante los jóvenes machos, muy hermanados con los dos veteranos sementales. El segundo “Soberano” en discordia seguirá ejerciendo sus labores de padre en la vacada. No niega su fenotipo de Coquilla típico en la casa.

Nos cuenta Fabrés: -“Por tema de consanguinidad, con lo primero que refresqué fue con ganado procedente de Paco Camino, muy en Buendía. Aquello ligó muy bien con lo de Coquilla y me empezaron a salir ejemplares entrepelados, y sobre todo girones”.





Posteriormente añadiría sangre de Martínez Elizondo (también Buendía), atribuyendo un aspecto más en tipo Saltillo a determinadas reses. De entre los sementales de Elizondo cabe destacar un toro herrado con el número 37, de nombre “Choricero”, el cual fijó caracteres en la vacada. Por tanto, mezcla de Paco Coquilla, y Buendía (vía Paco Camino y Martínez Elizondo), todo estirpe Santa Coloma. –“Según vayamos viendo las vacas, podré ir indicando de qué línea viene cada una, son perfectamente descriptibles”.


Abrimos porteras según vamos cambiando de cercado, y visualizamos una escena tan salvaje como natural echando la vista al frente. Un grupo de buitres está dando buena cuenta del cadáver de algún animal. Alzan vuelo según van oyendo el ruido del motor del coche, en efecto, una joven utrera no amaneció tras dejar la noche. –“En esta sociedad de ahora, un cadáver dentro de un núcleo urbano es un problema. Pero aquí, si les quito a estos de comer, ¿qué medio ambiente estamos preservando? Es imposible que los señores de Bruselas entiendan eso desde sus despachos. Al igual que los saneamientos; ahora, en pleno octubre, comienza la paridera y por obligación tienes que someter a las vacas a un gran estrés metiéndolas en la manga sanitaria. Muchas estando a punto de alumbrar”.


Se acercan las madres al vehículo, algunas de ellas conocidas ya por nosotros en anteriores visitas. Tal y como afirma Juan Sánchez-Fabrés, aparece la “coquilla” pura y dura. De hocico chato y ancho, la mayoría abrochadas de cuerna, unas por lo bajo y otras apuntando al cielo. De pelos tostados y mulatos, ibarras.



La vaca procedente de lo de Camino, goterón de Buendía que se entremezcla con lo de Elizondo (misma procedencia). Entrepeladas, gironas, aún de hocico ancho conservando esta característica de Coquilla. Sin embargo, otras muy en Saltillo, de hocico largo, afilado y sienes abiertas, más ofensivas.



Comienza a llover con fuerza y la cortina de agua se cierne sobre Pedro Llen. Apenas visualizamos las inmediaciones del caserón, las vacas permanecen cerca, descuelgan sus arboladuras y con tremenda quietud se dejan empapar. Escena para ver, callar, y escuchar. Miradas altaneras y desafiantes atemperadas por el agua caída del cielo en un marco incomparable. La vaca de Santa Coloma “en tipo”, arrogante, fina de cabos y poco esqueleto, animal que parece no tener cabida en el sistema cornalón y de peso abundante actual. Por el contrario, el trapío será un concepto más noble y atribuible al toro de lidia, enalteciendo esta raza sobre el resto de bóvidos.




-“Adolfo Martín, ganadero cabal, hizo hincapié en eso en una entrevista previa a su corrida de la feria de Otoño de Madrid. Es incongruente que aparezca este movimiento a favor de preservar determinados encastes, cuando luego no se les acepta en las plazas con sus características originarias”.

Continúa Fabrés: -“Por otro lado, está el acomodamiento de muchos toreros y figuras con ciertas ganaderías. Es algo completamente normal si el público, que es el que debería exigir, no lo hace. Diferencia similar a subir al Everest andando o en helicóptero, si te lo permiten hacer de la segunda manera, ¿para qué volver a la primera?”.

–“Una cornada te la da igual un toro de esta casa que otro de cualquier ganadería más comercial. Sin embargo, hay que dilucidar el mal momento que te hacen pasar los de este tipo de encastes, nada comparable a lo que ellos ahora mismo torean. Desde que salen de chiqueros, pasando por el tremendo hilo hasta las tablas que le hacen al subalterno tras el par de banderillas, y la actitud de no doblegarse ni cuando tienen el estoque hundido hasta los gavilanes. Esa mirada de patibulario la conservan aun estando al borde de la muerte. He ahí la diferencia de poderle a un toro y a otro”.

-“La sociedad embotada en la que nos encontramos parece no dar para más que querer salvar a un perro de la muerte mientras se ve incapaz de manifestarse por las miles de personas que mueren por desnutrición o los centenares de niños iraquíes que yacen bajo los escombros de los bombardeos. También trasladable, por supuesto, al ámbito taurino; que el Toro de la Vega sea el principio primigenio de la tauromaquia lo entiende hasta un chino o un japonés. Nos atrevemos a personificar a un toro hasta el punto de atribuirle sensaciones y sentimientos únicamente humanos”.

El sufrimiento va unido únicamente a la razón y la adrenalina liberada por el animal en cualquier tipo de lidia es siete veces superior a la de una persona. Científicamente queda demostrado que por su condición de bravo, el toro siente la necesidad de acometer ante el cúmulo de sensaciones que de forma innata le hacen reaccionar de tal forma sin sufrimiento alguno.

Tras cesar la lluvia y dejar atrás la escala de “grises” y tostados en cuanto a pelos empapados y relucientes astas húmedas, nos adentramos en la casa solariega de Sánchez-Fabrés. Con sabor, joyas arquitectónicas del pasado salmantino cuyas paredes perpetúan la vida de toros célebres; la cabeza de “Español”-30 último toro de Coquilla lidiado en Francia, por cierto, desorejado. Todavía recordamos su mirada retadora en el campo cuando aún no había cumplido los cuatro años. Nos muestra también Juan Sánchez-Fabrés las cabezas de toros lidiados a comienzos del siglo XX, -“Con estas arboladuras, no me los admitirían ahora ni en una novillada”, pero es que el toro de Coquilla era así, la profesión en esencia iba por dentro: “dulces como rosquillas y picantes como guindillas” que afirmaba el conocido refrán sobre el encaste. Cuadros enmarcados con fotografías de corridas del pasado, armónicas de hechura y enmorrilladas en Ibarra.



A través del ventanal, plaza de tientas cuadrangular, maravilla a la antigua usanza donde Kike, hijo del ganadero, parece recordar a los toreros la importancia de venir a tentar a esta casa –“Aquí no se viene a pasar el tiempo”, todo ello ante la reflexión en voz alta de algún diestro en cuestión: -“Esta becerra me está haciendo sudar… y pensar”, muestra palpable y demostrable de que en Pedro Llen sigue manando savia de bravura, como gotas de lluvia que sacian emociones.


Jorge Rodríguez Rodríguez